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| Fotografía por: Cynthia Carrillo |
Hay dos cosas que a Sean Spicer, el primer secretario de prensa de Donald Trump, no le gustan: caer mal y que lo contradigan. Ambas fueron incapaces de coexistir durante los seis meses que desempeñó su cargo. El libro comienza por el final. Trump lo llama a su oficina para trasladarle su preocupación: “Los medios nos están matando”.
El mandatario le comenta que incluirán en el equipo de comunicaciones a Anthony Scaramucci porque necesitan aires nuevos. Cuando sale de la reunión escucha el rumor de pasillo de que Scaramucci llegaría como director de Comunicación. Al día siguiente, no sin antes haber llamado a su esposa y a su madre para debatirlo, presenta su renuncia en el Despacho Oval.
Durante ese medio año, se decía que a Trump no le gustaba Spicer desde el día dos, cuando el portavoz fue regañado por el presidente por lo que había hecho en el día uno. "Asumí erróneamente que sabía lo que Donald Trump quería", reconoce cuando recuerda la anécdota de la investidura. Más tarde complementa: "Cuanto más tiempo pasé con él, más entendí que quería que repitiera sus respuestas a la prensa literalmente".
Entre tanto manjar literario, cada tanto aparecen frases de carbón para los medios, que son “un rebaño” que “cierra filas”. "En la mente de muchos en la prensa, la Primera Enmienda es únicamente sobre ellos y sus derechos. En realidad, se trata de todos nosotros y de nuestra capacidad de expresarnos", defiende con tinta, sin posibilidad de hacerle preguntas.
Cynthia Monserrat Carrillo

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